Decía Aristóteles que todos buscamos el bien, aquello que consideramos que es bueno para nosotros. Redondo es sinónimo de perfecto, terminado. El punto final de toda frase, párrafo o escrito es, sí, redondo como la guinda que corona un pastel perfecto.¿Qué pasaría si nuestro corazón (me refiero al espiritual, a ese lugar recóndito donde guardamos emociones, sentimientos, creencias, filias y fobias) fuera redondo? No habría rincones donde esconder nada, donde acumular polvo o cachivaches. En ese lugar guardaríamos toda clase de cosas, vivencias, experiencias, recuerdos...De eso trata este libro, del lugar donde se guardan los tesoros de un corazón que no tiene rincones ni esquinas y de sus habitantes.