Traición y obsesión, dos conceptos que se han arraigado en la humanidad desde su mismo génesis -o quizá desde mucho antes, si se tiene una mente abierta-, han sido los protagonistas de múltiples historias a lo largo de todos los tiempos; desde esclavos y súbditos, a reyes y emperadores. Algunos dicen que son sentimientos que surgen en un momento determinado, otros tantos, más sagaces quizás, los entienden como una parte de la misma naturaleza del ser y que afloran cuando esa parte de nuestra verdadera esencia se hace manifiesta. Quizás sea esa fracción perversa la que nos hace aclamar justicia sin importar las implicaciones... La nueva novela de Patricia Marulanda no se limita a contar una historia: desciende a los estratos más hondos de la memoria humana, allí donde la sangre guarda archivos que la razón se empeña en negar. En estas páginas extensas —pero necesarias, como toda travesía hacia lo profundo— la autora te obliga a mirar de frente una verdad incómoda: la vida no empieza contigo, y muchas veces tampoco termina en ti. Existe una continuidad silenciosa, una arquitectura invisible de herencias generacionales que modela decisiones, amores, fracasos y destinos.